‘El secreto de Adaline’, drama romàntic fantàstic a mig gas

El film és un drama que explora el costat més fosc del mite de la immortalitat

 

Patricia Tena. Barcelona

El joven cineasta Lee Toland Krieger (The vicious kind) apuesta por el romanticismo con aire fantástico en su última película, El secreto de Adaline, un drama que explora el lado más oscuro del mito de la inmortalidad. Adaline Bowman (Blake Lively, de la serie Gossip Girl) sufrió un accidente de tráfico a los 29 años y, desde entonces, inexplicablemente ha dejado de envejecer. Ocho décadas después, sigue con la misma apariencia física y lleva una vida solitaria, ya que por temor a que alguien descubra su secreto y la utilice como conejillo de indias, no se permite intimar con nadie. Cada cierto tiempo cambia de ciudad y de identidad manteniendo únicamente el contacto con su hija, quien, paradójicamente, aparenta ser su abuela.  Pero cuando conoce al encantador Ellis Jones (Michiel Huisman, visto en la serie Juego de Tronos) se empieza a cuestionar su estilo de vida y, aunque con muchas contradicciones en su interior, decide dejar de huir.

La estrella absoluta del filme es Blake Lively, quien desprende elegancia y buen gusto en cada uno de sus planos. Recordemos que la actriz empezó a despuntar en la serie adolescente Gossip Girl, donde precisamente interpretaba a una chica pija del Upper East Side de Nueva York. Su personaje y, especialmente sus outfits, hicieron que se convirtiera en un icono de la moda, tal y como le ocurrió a la actriz Sarah Jessica Parker tras la serie Sexo en Nueva York.  El secreto de Adaline tiene un cuidado trabajo de vestuario, peluquería y tratamiento de la luz que nos transportan a la época del cine clásico. Al mismo tiempo que la cuidada voz en off (acertada porque nunca se abusa de ella) aporta dosis de fantasía y ciencia ficción.

La primera parte de la película se centra en repasar brevemente (demasiado) la vida de Adaline y cómo ha tenido que ir abandonando todo aquello que le despertaba interés por temor a ser descubierta. Como curiosidad, cabe señalar que su mejor amiga, probablemente la única, es una mujer ciega que no puede comprobar cómo Adaline no envejece con el paso de los años, al mismo tiempo que resulta muy emotivo el hecho de que la única constante en su vida sean sus perros. Sí, en plural, porque ellos también han ido envejeciendo y muriendo, por eso ella guarda un álbum de fotos donde recuerda a todos los que la han acompañado durante casi ochenta años.

Hacia la mitad del filme, cuando Adaline y Ellis comienzan a consolidar su relación sentimental, el interés empieza a decaer un poco pero afortunadamente aparece en escena un héroe para salvarla: Harrison Ford, quien interpreta al padre de Ellis. Con todo, El secreto de Adaline es un drama romántico correcto, que desprende glamour por los cuatro costados. La idea principal es, sin duda, original, pero una vez acaba la película es inevitable quedarse con la sensación de que no ha ofrecido todo lo que podía. Quizá hubiera hecho falta más metraje para profundizar en los conflictos y renuncias que ha tenido que padecer en su vida.

Al filme le falta más vida, más contradicción, un buen torbellino de emociones de esos que te encogen el corazón cuando los ves en la gran pantalla. Guarda ciertas similitudes con El curioso caso de Benjamin Button de David Fincher (el tiempo como conflicto amoroso, el punto de vista de cuento fantástico, la luz, el aire nostálgico en cada plano) pero el resultado es totalmente diferente. La primera supo aprovechar todo lo que le ofrecía una buena historia y se convierte en una película preciosa, mientras que El secreto de Adaline, que podría haber sido todo esto, se queda a medio gas.

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Un comentari
  • nuriagcaldes
    30 setembre 2015 at 15:48
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    Massa glamour, per a mi el problema és aquest bàsicament, tot i que com a conte és ben bufó.

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